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sábado, junio 04, 2011

Microrrelato finalista Cuenta 140: Lorca

Tras el seísmo se formaron dos colas: una para bocadillos, mantas y agua...; otra para promesas, guiños y palabras de políticos vacíos.





 
Madrid 2011

jueves, marzo 31, 2011

Microrrelato finalista Cuenta 140: El tenedor


Duchándome observé una sombra abalanzarse con un objeto punzante. Abrí los ojos presa del pánico, mi marido me daba a probar el estofado.



Madrid (2011)

domingo, febrero 20, 2011

Triglicérido (III)

Usaba un bisturí para los callos de los pies, un cuchillo jamonero para las noches de insomnio y una daga envenenada para retirar lo superfluo de sus microrrelatos.

Guadalajara (2011)

lunes, enero 10, 2011

Descerebrado


—¿Juegas? Es divertido, sólo tienes que girar el tambor y rezar a tu suerte.
—Venga, con un par...


Los restos de masa encefálica salpicaron las paredes mientras el cuerpo caía inerte sobre el suelo.


Guadalajara (2011)

miércoles, diciembre 08, 2010

Microrrelato finalista Cuenta 140. La rueda




Hundido y fracasado decidió poner fin a su puta vida. Cargó con una bala el revólver, giró el tambor y amartilló. Saltó al vacío acojonado.




Guadalajara (2010)

martes, noviembre 30, 2010

Fantasías del hogar


Para sorprender a mi esposo me vestí con un picardías color crudo y unas medias negras. Encendí una vela, preparé algún que otro juguete y le esperé en semipenumbra con toda la sensualidad de una pantera. Abrió la puerta, caminó por el pasillo hasta que entró en nuestra habitación. No me quiso ver, no me buscó, no me olió... Su reacción, una vez más, me devolvía al mundo monótono y real en que transitaban nuestros días, salvo que esta vez, se desnudó apresuradamente, abriendo el armario con sigilo, e introduciéndose como pudo, para espiarme a través de las rendijas que dejan las láminas de las puertas.

Guadalajara (2010)

domingo, noviembre 28, 2010

Ladridos


Sólo se escuchan ladridos, aullidos por todas partes. Las almas y los cuerpos de los habitantes arden sin que nadie pueda hacer nada. El caos flota en el aire, es una anarquía sin precedentes. Primero fue la quema de automóviles, mobiliario urbano, escuelas, bancos, iglesias. Mas luego, cuando la barbarie y la desolación ha sido absoluta; cuando las calles, ciudades y países ya no se gobiernan, han comenzado los perros a organizarse dentro de su propio desorden aparente. Uno de ellos, no hace mucho, me quiso de animal de compañía, pero en el último momento me desplazó por no saber comportarme. Ahora espero turno de carbonización, aunque intentaré escapar.




Mérida (2005)

lunes, noviembre 22, 2010

Nunca más te pegará, mamá.


Nací sietemesino, antes de tiempo, con la única intención de salvar a mi madre del maltratador. Al tercer mes, había jurado venganza. Ahora cumplo prisión. 

Guadalajara (2009)

Microrrelato finalista Cuenta 140: El verdugo


Microrrelato finalista en el Concurso Semanal Cuenta 140: El Verdugo, dirigido por el escritor Montero Glez en http://www.elcultural.es/



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Le puse la capucha, los grilletes en las muñecas. Saqué cadenas y látigo, pero ni por esas. Mi mujer argumentó un nuevo dolor de cabeza.



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viernes, noviembre 19, 2010

Microrrelatos finalistas Cuenta 140: El Correo






Microrrelatos finalistas en el Concurso Semanal Cuenta 140: El Correo, dirigido por el escritor Montero Glez en http://www.elcultural.es/


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Me lo dijo por carta, el muy cabrón. No tuvo los suficientes cojones para decirme: "A la puta calle".


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Leyó la Carta del Apóstol San Pablo a los efesos: "Vivid en el amor como Cristo nos amó...". Esa noche se fue de putas.
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Cuando terminó de redactar la carta abrió la ventana. La fuerza de la gravedad hizo el resto.

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Textos: José Daniel Palma

sábado, mayo 29, 2010

Luna llena


El sabor de la noche es el sabor de la vida. La sangre, en su viscosidad, es una súplica muy dulce para mi paladar.




José Daniel (2006)

martes, mayo 20, 2008

Fuego, paz y muerte



En el lecho de su muerte, una pluma estilográfica y un cuaderno de notas amarillento. Nunca le tuvo aprensión a la muerte, sabía que su futuro o su destino era cuestión de una búsqueda más intensa por el mundo real. En el velatorio, ningún paisano, ningún familiar, ni siquiera aquellos que en algún tiempo le habían animado a seguir con esa excéntrica vocación, siempre caminando contra corriente, bajo apodos e insultos disfrazados de hipocresía.
El cuerpo presente, su pasado narrado en tercera persona y el transcurso de las horas previstas antes de la incineración hacían más espeluznante el lienzo de su adiós. Y llegó el momento, la despedida final y ante la mirada atónita del personal funerario, últimos testigos contratados, se levantó con lágrimas serpenteando sus mejillas, recogió su pluma y su cuaderno, arrojándolo dentro de su propio ataúd que junto a todos sus libros y manuscritos prendieron de forma furiosa, llenando de luz la habitación y de angustia mi alma, escapé entre las letras ordenadas de su último micro.
José Daniel 2008